12 ago 2011

Receta para un corazón roto

Publicado por Cristina Gonzales- Otoya en 8/12/2011 2 comentarios


Ingredientes:
-1 cdta de indiferencia
-3/4 de taza de colera
-2 1/2 de orgullo
-Una pizca de desprecio
-Olvido y lágrimas al gusto

1. Cernir 3/4 de colera en un tazón hasta que no quede nada de felicidad en ella.
2. Agregar la cucharadita de indiferencia hasta que la mezcla sea compacta, tanto que ya no den gusto de hacer llamadas ni escribir mensajes ni pedir disculpas.
3. Añadir a la maza el orgullo hasta que no te den ganas de hablar más.
4. Finalmente agregar el desprecio y dejar enfriar por 1 día.

*Para decorar utiliza el olvido y las lágrimas al gusto. Ayudará a que el corazón roto vaya cicatrizando.

Sí señores, el ser humano es masoquista y por ende le gusta sufrir. Esta sospecha la traigo desde hace ya varios años, y la vengo confirmando con diversos sucesos que me han ido pasando a mí y a gente de mi entorno. Obviamente que no es divertido estar hecho un manojo de tristeza, pero muchas veces cuando llega el momento indicado de sacar todos los sapos y culebras que llevamos dentro nos gusta. Sí nos gusta.

¿Y por qué nos gusta? Tengo varias teorías, pero sólo daré las 2 principales. La primera es porque nos hace tocar fondo para luego poder salir a flote. Llorar y sufrir nos hará pensar, y por consiguiente en el futuro trataremos de hacer mejor las cosas (al menos que ya seas MUY masoquista y que te guste el golpe). La segunda es porque nos gusta llamar la atención, ya sea de parte de quien nos hizo daño o de cualquier otra persona que nos pueda hacer sentir mejor. Mi teoría podrá sonar un poco absurda, y ojo que no estoy hablando exclusivamente para situaciones en pareja, sino también se aplica con amigos, familiares, perros, gatos y demás.

Esta receta para un corazón roto es obviamente puro sarcasmo. Todos en algún momento tendremos que sufrir por amor, algunas serán heridas grandes y otras solo un raspón. Recuerden, no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que aguante. 

¡Próximamente vienen fotos! Besos a todos los que me leen.

19 jul 2011

Trujillo y su Plaza de Armas.

Publicado por Cristina Gonzales- Otoya en 7/19/2011 3 comentarios
Me atrevería a decir que absolutamente todas las personas que han pasado alguna vez por la Plaza de Armas de Trujillo han volteado a ver la enorme estatua por algunos segundos. También me atrevería a decir que muchos de ellos, incluyéndome a mí, nos hemos preguntado ¿qué miércoles significan esos calatos en pleno centro de la ciudad? Pero apuesto que pocas son las personas que se han fijado en la cantidad de historias que se tejen alrededor de ella. No, no “sólo las empleadas domesticas salen los domingos a pasear”. No, no sólo se colocan arbolitos llenos de luces en diciembre. No, no sólo está llena de fotógrafos que te dice: “Señorita, ¿una foto?” Ni sólo está llena de lustradores de botas, ni sólo de vendedores de chicles, cigarrillos y caramelos. Existe aún más. Aún hay gente que sale a pasear durante el día (a pesar del frío que ya se siente en la ciudad de la eterna primavera), a sentarse en esas bancas de concreto, a caminar por ese piso que parece ser encerado religiosamente todos los días. Hay más, y esto sólo es un poco. Seguiré diciendo que Trujillo es la ciudad más bonita de todo el Perú, estoy enamorada eternamente de ella y punto.


Aquí unas poquísimas tomas que hoy:























La pequeña Jessie ya creció y me acompañó a caminar. Gracias enana.

11 jul 2011

Promesas y confesiones.

Publicado por Cristina Gonzales- Otoya en 7/11/2011 1 comentarios
Hoy he decido hacer una promesa y es la de hacer un post semanal, con o sin fotos. Debo confesar que este debe de ser mi segundo o tercer intento de tener un blog, es obvio que sus antecesores no tuvieron éxito, y con éxito no me refiero a que nadie los leyó sino que yo simplemente dejé de escribir al tercer post.

Cuando entré al colegio, para ser más exacta al comienzo del año escolar de 1996, mi conocimiento acerca de las letras no pasaba del "a e i o u" que te enseñan en el jardín, y sabía tanto o menos que el resto de mis compañeritos de aula. La miss Camucha nos enseñó a todos por igual como era que esas vocales se unían con otras letras y formaban así una sílaba. Todo iba bien hasta que llegaron las pruebitas de gramática, y fue entonces donde descubrí que no era igual al resto de mis compañeritos de aula: Era más lenta. No lograba diferenciar las palabras que llevaban b o v, y mucho menos cual era la diferencia entre c, s y z. Entonces esas sílabas fueron convirtiéndose en números y los números en preguntas: "¡¿10?!"

Debo confesar también que 10 no fue mi nota más baja en el colegio, es más llegó ha ser mi “¡Uy! ¡Por un puntito y paso!” en secundaria, pero mi suerte en el curso de Comunicación, que en aquel entonces se llamaba Lenguaje, cambió al llegar 5to de primaria. Fue en ese grado que pasamos al colegio grande (grande porque allí estaban los grados de 5to de primaria hasta V de secundaria, grande porque ya no habían juegos para pequeños). Pero aunque los columpios de colores ya no estaban más, este colegio me dio algo aun más especial: Una biblioteca.

Ese año que me picó el bichito literato, y mis ganas por leer más de aquellas sílabas unidas salieron a flote. Me enamoré de los libros, por ende empecé a leer más que sólo la tarea de mi libro Santillana, y conforme los años fueron pasando empecé a escribir en mi cuaderno más de lo que los profes escribían en la pizarra.

Así fue que descubrí que el escribir era una terapia, pero más que eso es para mí es la manera de desatar los nudos que tengo en la garganta. Es para mí la manera de sonar más sofisticada de lo que realmente soy, y es que tal vez es en el papel donde uno es todo lo uno quiere ser, donde uno dice todo lo que uno quiere decir.

Espero no se aburran cuando encuentren letras en lugar de imágenes, prometo poner más fotos que escribir.
 

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